Tiene 22 años y es arquera de hándbol. Hace un par de temporadas que triunfa en el viejo continente. Juega en el Dogoy Maceira Porriño, de Galicia.

Empezó a jugar handbol porque necesitaba usar su tiempo y distraerse. Le sirvió para superar obstáculos y hacer amistades. Cuando tomó contacto por primera vez con este deporte fue como un amor a primera vista, un flechazo al corazón. Es Fátima Ayelén Rosalez, la puntana que hace un par de temporadas está en España y ataja en el Dogoy Maceira Porriño de Galicia. Tiene 22 años y hace 11 que juega. Es una gigante del arco y su sueño es jugar en la Selección Argentina: estuvo en cadetes, pero quiere ser la portera de la mayor.

Sus comienzos fueron en Hándbol San Luis. Empezó de cero, nunca antes había jugado. Lucas Moreno y Waldo Pescara fueron sus primeros entrenadores, pero quien la presentó en el club fue Carla García. Asimiló rápido los conceptos del juego y del puesto. Sus grandes actuaciones hicieron que con tan sólo 14 años emigrara a Villa Dolores para atajar en Comercio, una entidad con mucha historia en el balonmano. Su gran presente en el elenco cordobés le valió la convocatoria a las selecciones menores. Jugó un par de panamericanos y un Mundial. Después pasó a jugar en Alta Gracia. Y, de buenas a primeras, vino la oportunidad de irse a España. Dice que la decisión de saltar el charco le llevó una hora de reloj, no lo dudó. Con el apoyo de la familia, armó el bolso y se fue.

Allá la esperaba el Graniollers. Hizo una gran temporada. La vieron del Dogoy Maceira y ahora hace seis meses que está en la entidad de Galicia, que ya le renovó el contrato. Juega en una de las ligas más importantes del mundo. Es feliz, valora todo lo que tiene. Dice que extraña horrores, principalmente los domingos, esa sobremesa después del asado con los viejos y amigos. Añora ir al campo, pero sabe que todo este esfuerzo tiene su recompensa: ser la arquera titular de un elenco que es top ten en la Liga española.

No desperdicia ni un segundo. Va al gimnasio, por la tarde entrena con sus compañeras, trata de mejorar día a día, aprender, nunca negocia la intensidad. Se enoja si tiene un mal día, pero “como somos humanos, me lo permito”, dice.

Tiene una frase de cabecera que la acompaña siempre: “Nadie golpea tan fuerte como la vida. Pero lo importante no son los golpes, sino lo que eres capaz de soportar sin bajar los brazos. Cuánto eres capaz de resistir sin tirar la toalla”. No tiene ídolos, admira a cualquier persona que va en busca de sus sueños y lucha contra todo por conseguirlos.

Se acuerda siempre de la familia. Papá Fredi y mamá Silvia están siempre presentes. La distancia se hace difícil, pero trata de ocupar todo el tiempo para extrañar lo menos posible.

Es simpática. Siempre está con una sonrisa a flor de piel. Es muy querida en el plantel. Su gran momento no le nubla la vista. Tiene la mirada fija en llegar bien lejos en el deporte. Esa nena de 11 años que tímidamente llegó a jugar a Hándbol San Luis, hoy es una arquera internacional. Es la gigante del arco que tiene Dogoy Maceira. Una puntana de exportación.