Con sólo 14 años es uno de los máximos exponentes de la provincia. Sueña con estar en la Selección Argentina y correr un campeonato del mundo.

Tiene 14 años, pero por su forma de expresarse parece más grande. Abrazó de chico el ciclismo de montaña y sueña con ponerse la camiseta de la Selección Argentina y representar al país en un Mundial. Es Valentín Guzmán Reynoso, el villamercedino que marca el rumbo y hace maravillas arriba de la bici. Un fenómeno que vive el día a día con la adrenalina de la velocidad y la resistencia.

Entre su rico palmarés se encuentran un segundo puesto en la Copa Lippi Chile; una medalla de plata en el Argentino de Triatlón, en Mendoza; bronce en el Argentino de Rally MTB, en Carlos Paz; un subcampeonato Argentino de Rural Bike, logro que alcanzó en Santa Fe; un tercer lugar en la Copa Argentina de Mountain Bike. San Juan lo vio en el escalón más alto del podio y es ganador de la final de Copas en Entre Ríos. Y, como si esto fuera poco, fue top ten en el triatlón de Chile. Todos estos logros lo llevaron a posicionarse como el mejor en el ranking argentino.

Estudia en el Sagrado Corazón. Quiere ser nutricionista y su referente en el deporte es Nino Schuster. Es un chico muy responsable que se levanta todos los días muy temprano para ir al cole. Regresa a las 14:00, almuerza con papá Darío y mamá Yéssica y sus hermanos Yéssica y Juanita. Después agarra la bici y se va a entrenar. Dos horas a puro pedal. Luego, a clases de inglés, más tarde al gimnasio y regreso a casa, donde lo esperan las carpetas abiertas para estudiar.

Es hincha de Boca. Le gusta jugar al fútbol con los amigos y también disfruta el triatlón. Es feliz arriba de la bici, en su casa, en el colegio, en salidas con sus amigos. Disfruta todo. “Sin el apoyo de mi familia todo esto sería imposible. Están en todos los detalles”, dice Valentín. Siente que todo ese calor de la familia es una caricia al alma, un mimo al corazón. En cada competencia que participa siente que su gente lo ayuda a pedalear. Cuando las piernas le pasan factura por el esfuerzo propio de la carrera, aparece ese corazón enorme que tiene. Cierra los ojos, aprieta los puños, se para sobre los pedales y va más rápido que nunca.

Cuando apoya la cabeza en la almohada, cierra los ojos y sueña con un escenario repleto de gente. Con rivales de todo el mundo. Se ve con los colores celeste y blanco. Con la familia cerca de la largada. Sabe que lo va a lograr. Por el momento el Mundial aparece en las noches, pero Valentín tiene una gran jerarquía, esa misma que lo llevará a su gran objetivo: ser un ciclista de selección.