Tiene 13 años y hace cuatro que empezó a nadar. Cursa el primer año en el Causay y fue una de las grandes figuras en los Juegos Evita de Mar del Plata.

Valentino Simonetti.

Tiene estilo. Técnica. Condiciones. Se le ve pasta para conseguir grandes cosas. Da la impresión que Valentino Simonetti nada hace una vida. Pero no. Tiene sólo 13 años y hace cuatro que abrazó esta disciplina. No fue para competir. Fue por seguridad. En su casa hay una pileta y sus papás quisieron que supiera nadar. Primero fue como un hobbie. Después le fue tomando el gustito. Los profes le vieron condiciones. Y un día, como por arte de magia, la natación entró en su vida de otra manera. Se mueve como pez en el agua.

Parece que en la familia Simonetti se respira deporte. Mía, la hermana de Valentino, hace gimnasia artística y con 11 años es dueña de una gran destreza. Papá Carlos vino a “Mardel” para acompañar al nene, mientras que mamá Mónica cruzó la cordillera para estar con Mía. Los chicos aman y respiran deporte, y los papis acompañan y disfrutan de ver a sus hijos.

El día es muy agitado para Valen. Escuela, entrenamiento, la familia, los amigos. Pero él se las rebusca para darse tiempo para todo. Hay salidas que se pierde, pero no reniega de ello. Sabe que un deportista debe dejar de lado algunas cosas para apuntar a otras. Todo no se puede.

Es de perfil bajo. Habla con la madurez de un hombre. Y es un pibe. Cuando está en la pileta disfruta más. Da la impresión que ese es su hábitat natural. Se comunica con el agua. Hay química.

No se va a olvidar más de los Juegos Evita. Cuatro medallas. Dos oro. Una plata. Un bronce. Subir al podio y que nombren tu provincia -más estando lejos de los tuyos- es algo especial. Mariposas en el estómago se le metieron a Valen. Vaya las vueltas de la vida: mariposas. Justo el estilo que le sienta mejor y tantas satisfacciones le dio en estos Juegos. Salir del agua. Levantar la vista y que esté papá con los ojos brillosos, con una lágrima pícara que se le escapa por la mejilla, es algo que Valentino guardará por el resto de su vida. Caminar por el natatorio y que José Meolans –uno de los más grandes nadadores de la historia de Argentina- esté ahí. Sacarse una foto con ese gigante. Hablar. Que te aconseje. Son muchas cosas lindas que le pasaron. Momentos únicos. Los va a atesorar. A guardar en la cajita de sus recuerdos. Nadie le quita esto.

Sabe que lo mejor está por venir. Este es el primer paso de un largo camino. Las medallas van a ser el combustible que necesita para seguir. Saber que con trabajo, dedicación y responsabilidad, se puede llegar a la meta. Se consiguen objetivos. No ve la hora de llegar a casa. Darle un abrazo a mamá. Compartir anécdotas con su hermana. Contar historias en el colegio. Disfrutar de la familia. Sentir el calor de los puntanos. Valentino Simonetti, un pibe que en el agua, se mueve como un pez.

 

Nota: Daniel Valdés.