Es integrante de la Selección Argentina. Sus grandes actuaciones la llevaron a tener muchas chances de estar en los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018.

Valentina Arce es una de las máximas esperanzas de la natación puntana. Tiene innumerables títulos y récords. Con tan sólo 15 años paseó su talento por varios puntos de la Argentina y de países vecinos. Actualmente, integra la Selección Nacional. Su próxima meta es sacar pasaje a los Juegos Olímpicos de la Juventud que se disputarán el año venidero en Buenos Aires. Pero la mirada de la “Sirenita” también va más allá. Tiene la mira enfocada en los Odesur, y sueña con poder estar en algún Mundial o Juego Olímpico.

El amor de Valentina con el agua empezó hace 12 años. Sus padres la llevaron al doctor. Le diagnosticaron asma y el facultativo la mandó a hacer natación. Así fue su comienzo. Primero como una opción para mejorar su calidad de vida, más tarde como hobbie, y hoy no puede estar sin meterse a la pileta. Entrena 24 horas semanales. Hace magia para dividir el tiempo entre la familia, sus amigos y el colegio. Cursa 4º año en el “San Gabriel Arcángel”. Es la mayor de tres hermanos.

No es fácil para una chica de su edad tener tantas responsabilidades, pero el amor por esta disciplina es más fuerte. No le importa levantarse a los cuatro de la mañana para ir a entrenar. Mientras todos duermen para empezar con fuerzas la mañana, ella arranca de madrugada. Sabe que para ser una deportista de élite tiene que practicar mucho y duro. El cansancio no duele. Y todo eso se ve reflejado en cada competencia que va o en cada convocatoria para integrar la Selección. Estar en un podio envuelta en la bandera argentina es la inyección de ánimo que necesita para superarse cada día más.

Tiene como ídola a Geogina Bardach. Sueña ser como ella. Con lograr una medalla en un Juego Olímpico. Cada día se levanta y se ve en un podio. Cuando nada está en su hábitat natural. Ese es su lugar en el mundo. Siente Paz. Tranquilidad. Ese contacto con la pileta es algo mágico. Algo que sólo ella entiende y que no puede explicar con palabras. Cuando tenía 3 años y se metió por primera vez a la pileta sintió una sensación extraña. Es como si se hubiese dado cuenta que el agua y ella iban a estar siempre juntas. Lo que fue para mejorar su salud, hoy es su medio de vida. En la pileta descansa. Disfruta. Es feliz.

Tiene mucho futuro. Un gran potencial. Más allá de los logros deportivos, de las medallas, de los récords, a ella la natación la sacó del asma. “Aunque a veces tengo ataques de asma, son muy esporádicos, esta disciplina me mejoró la salud”, dice con voz firme y segura, Valentina.

En la previa de cada competencia se acuerda de su familia, de su mamá Andrea y su papá Matías. De sus hermanos Benjamín (10) y Tiziano (4), que son sus principales fans. Esos fanáticos que la acompañan cada vez que pueden y cuando no viajan están con el amor a la distancia. Valentina respira profundo. Cierra los ojos. Pasan millones de imágenes por su cabeza. Sueña con los Juegos Olímpicos. Con un Mundial. Tiene tiempo. No debe saltear etapas. Está en una edad justa para dar el salto de calidad, pero también para disfrutar de la familia y sus amigos. “Valen” sale de la pileta. Pide una toalla. Mira hacia arriba. Toma su bolso y se va para su casa. Sabe que mañana la rutina debe repetirse, pero no reniega de ello.