En una entrevista exclusiva con ANSL, el “Golden Boy” dijo: “El boxeo argentino es único”. Aseguró tener “una conexión con Argentina y su gente”.

Óscar de la Hoya salió airoso de un combate coloquial donde demostró que su cintura puede esquivar todavía, el golpe por golpe aún en la corta distancia, más si su oponente verbal es conocedor de sus gustos y debilidades.

El primer recto al mentón lanzado por ANSL a modo de pregunta fue acerca de su sabiduría acerca del boxeo argentino y su historia: “Es un boxeo único, donde hubo boxeadores de lo mejor que dio el deporte. Siempre tuve una conexión con Argentina, con la gente, con el público por muchos años”, disparó quien ganara 10 títulos mundiales en 6 categorías diferentes.

En efecto, lo que sabe de historia del boxeo se lo contaba su padre, quien le transmitió su admiración por Carlos Monzón que no es casual: De la Hoya reinó en la categoría mediano al igual que el malogrado púgil santafesino. Fue contemporáneo del “Látigo” Coggi, el “Zurdo” Vásquez, “Locomotora” Castro y la “Hiena” Barrios, todos campeones mundiales nuestros en las diversas divisiones donde el “Golden Boy”  fue rey. La conexión está justificada.

La Agencia de Noticias salió a buscar la pelea y le interrogó acerca del “Mono” Gatica, y dijo que sí sabía de él. “Fue quizás el mejor boxeador sin corona, disciplinado y dedicado me contaba mi padre. Tuvo más de 200 peleas”, espetó. Acusó el golpe. Se le dijo que era el Jake LaMotta puntano para que se agarrara en clinch y, rápido de reflejos, emparejó las acciones: “Con esa cantidad de peleas no se puede ser dedicado y disciplinado”, entendiendo la comparación, aunque le duplicó la cantidad de peleas al “Mono”. El round verbal terminó 10×10.

Rió a carcajadas cuando se le endilgó el desamor del pueblo mexicano por despojar de títulos a ídolos como el “Maromero” Páez o al mismísimo Julio César Chávez, que su propia familia le recriminó muchas veces, y contragolpeó diciendo: “Soy nacido en Estados Unidos de sangre mexicana. Voy a levantar siempre la bandera mexicana donde vaya pero era mi trabajo, es lo que tenía que hacer. Si no les ganaba yo, ellos me ganarían a mí. Estuve en este deporte para ser el mejor (N de la R: y vaya si lo fue). Mucha gente entendió eso, era mi trabajo y lo tenía que hacer bien”.

Habló de otro olímpico como él y múltiple campeón: Andre Ward. Sobre él consideró: “Tiene todas las condiciones para ser el mejor ‘libra por libra”. Sus juicios eran de todo un promotor de boxeo, su ocupación actual. “Me encanta, me fascina, estoy en el deporte que amo y que me dio todo, promoviendo a los próximos ‘De la Hoya’, ayudando a cumplir el sueño de muchos jovencitos”, dijo, y tiró los siguientes nombres para tener en cuenta: Diego de la Hoya, su primo; Virgil Ortiz y Jorge Linares 45-42 (27 KO)-3, apodado “El Niño de Oro de Venezuela”. “Linares ganó varios títulos ya, tiene mucho camino por recorrer y será en los próximos años un súper campeón”, vaticinó.

De la Hoya “besó la lona” cuando se le pidió cantar a “capella” el estribillo de “Run to me”(Ven a mí”), el tema más popular de su disco editado en el 2000. El álbum que lleva su nombre fue nominado al Grammy. Un hombre exitoso como boxeador, en los negocios y en la música, se excusó, acalorado y falto de aire, expresó: “Hace más de 10 años que no lo hago. Perdón, me noqueaste”, admitió, pero el fallo de esta contienda devenida en entrevista le fue ampliamente favorable, según los jurados imaginarios del lobby del hotel Potrero, como aquella noche en Las Vegas donde sólo los jueces lo vieron perder con Félix Trinidad, su invicto y algunos de los tantos títulos que ganó. “Fue la derrota que más me dolió, pero lo importante es lo que la gente recuerda de esa noche y eso es lo que hace que sea más blanda la herida”, concluyó.

Nota: Adolfo González.

Fotos: Malvina Urquiza.

Video y edición: Guillermo Ramón.