Iris Margot Pringles descubrió que pertenece a la octava generación del máximo héroe puntano, Juan Pascual Pringles. Después de seis décadas regresó a lugar donde se afincó parte de una familia que se extiende actualmente en otras ciudades. Crónica de un viaje al pasado interior del departamento San Martín.

Después de seis décadas, Margot regresó a lugar donde se afincó parte de una familia que se extiende actualmente en otras ciudades.

Después de seis décadas, Margot regresó a lugar donde se afincó parte de una familia que se extiende actualmente en otras ciudades.

Jotes, caballos, liebres, perdices, arroyos entre sauces esmeraldas, pircas levantadas por familias campesinas ahora sostenidas por el musgo, cuevas en moles graníticas, troncos que brotan de piedras monstruosamente erosionadas. Después de sesenta años, Iris Margot Pringles regresa al nido de su infancia.

Durante casi una hora, las dos camionetas F- 100 se aventuran a paso de hombre. Rugen cuesta arriba. Saltan entre las huellas pedregosas del bosque nativo. Atravesaron dos cruces, pasaron frente a una rosada ermita en honor a la Virgen de los Desamparados, se les cruzaron gallinas, y volantearon cerca de la ruta 38 que va hacia La Carolina para sumergirse entre el polvo. Acá los grises dominan el mediodía. Varía un poco en la entrada por Potrerillo, gracias a los durazneros florecidos que, vistos desde una subida, parecen acordes rosados detrás de los campos alambrados.

Un baqueano, amigo de Margot, se asombra por la cantidad de buena leña en el camino. Con esa materia prima también se hacen escobas de jarilla, idénticas a las que este jueves matinal usa el sereno de la plaza de las Chacras para limpiar la vereda. A nosotros, encontrar en el medio de la nada una pava colgada en un álamo grueso como dos personas nos sorprende.

Margot es la primera que baja de la camioneta para caminar entre los yuyos secos rumbo al rancho de adobe donde vivió su bisabuelo, Manuel Maximino Pringles. Era primo del valiente entre valientes, Juan Pascual Pringles (1795-1831).

Conforme establecen varios historiadores, el árbol genealógico del héroe puntano se remonta a la Escocia del siglo XVII. En los comienzos el apellido se escribía sin la letra ese. Y tiene múltiples ramas que llegan actualmente hasta Merlo, Villa Mercedes, Río Cuarto y Buenos Aires.

Andrea Sosa, la mamá del glorioso puntano, era descendiente de Juana Koslay, según acreditó el genealogista Julián Barroso Rodríguez. Margot fue hasta aquellos comienzos, pero se circunscribió a su localidad y a su familia que vendría a desplegarse por parte del tío del coronel, quien también se llamaba Juan Pascual.

Margot pertenece a la octava generación de la familia Pringles. Fue docente cuarenta años e intendente durante doce en Las Chacras, departamento San Martín. Tiene 69 años. Hace cuatro años comenzó a rastrear sus orígenes porque le llamaba la atención que se repitieran algunos nombres entre sus parientes.

Iris Margot Pringles descubrió que pertenece a la octava generación del máximo héroe puntano, Juan Pascual Pringles.

Iris Margot Pringles descubrió que pertenece a la octava generación del máximo héroe puntano, Juan Pascual Pringles.

El techo donde vivió su bisabuelo está mordido por el tiempo que, además, se ha tragado hasta el hilito de agua del patio. Margot recorre ansiosa las habitaciones de barro. Se detiene debajo de la puerta y respira el pasado.

La zona se llama El Chancaral porque abundaba esa especie de zapallos amargos. A pocos metros, desde el macizo de piedra incrustado en un cerro, puede verse cómo los nidos destacan el paisaje otoñal de arboledas desnudas a la redonda. Reina el silencio.

“Acá vivió la mayoría de la familia Pringles. Eran once familiares”, dice orgullosa Margot.

Sobre las ruinas, cortando ramas y silencio, se lamenta por no haber atendido mejor a las historias narradas en ese apartado hogar. Incluso ahí fueron notificados sobre la muerte del coronel Juan Pascual.

De los pocos recuerdos desenterrados, Margot rescata una cama oxidada. “Acá durmió Ricardo, el último de los Pringles que quedó en la zona”, expresa. “Siento una gran emoción porque yo vi a mis abuelos aquí y he jugado en estos patios. Me siento muy reconfortada”, agrega.

“Lamentablemente, cuando todos abandonaron esta propiedad quedaron muchos documentos, baúles, medallas y pergaminos sepultados”, señala. Margot se esperanza porque hace cuatro meses atrás en Los Tapiales, la cuna de Pringles, encontraron el acta de la inauguración del monumento al Héroe de Chancay. Quizás en El Chancaral todavía pueda encontrar algún tesoro. Para la próxima visita, en broma, le prometemos llevar palas.

En la biblioteca del pueblo ubicado a 147,6 kilómetros de la ciudad de San Luis, Margot detallará por dónde vienen sus raíces. “Este matrimonio vivió en Escocia. Tuvieron un hijo, James Pringle, que vino a Buenos Aires en un barco de esclavos. Era médico y tenía un espíritu aventurero. Y él se traslada a Mendoza y no ejerce como médico, sino que se dedica a la vitivinicultura. Al contraer matrimonio con Bernardella se cambia el nombre James por el de Diego, porque así eran las leyes españolas”, describe sobre una lámina que tituló “Raíces de la sangre Plingueriana en Las Chacras”.

La localidad permanece intacta. En una esquina todavía está la antigua fachada del almacén de ramos generales perteneciente a la familia Albornoz, una de las primeras pobladoras. Frente a la plaza se levanta la capilla Nuestra Señora del Rosario, en honor a una promesa cumplida tras un malón ranquel.

Para su investigación, Margot consultó en los libros de Justiniano Carranza, Juan W Gez, Sosa Loyola, Urbano J. Núñez, Viedma, Felipe Velázquez y en la conferencia pronunciada por el actual gobernador Alberto Rodríguez Saá en el Instituto Sanmartiniano del Perú. Margot además recorrió los archivos históricos y los obispados de Mendoza (provincia donde nació Gabriel Pringles, padre del héroe) y San Luis para obtener actas de bautismo, testamentos y documentos certificados.

La familia de Margot en Las Chacras vendría desplegarse por parte del tío del coronel, quién también se llamaba Juan Pascual.

La familia de Margot en Las Chacras vendría a desplegarse por parte del tío del coronel, quien también se llamaba Juan Pascual.

“En San Antonio de Areco (Buenos Aires) existe una tataranieta de Fermina Nicasia (la hija del prócer de la independencia). No encontré el acta de matrimonio de Fermina”, aporta.

Margot aclara que el árbol actual de Pringles es muy frondoso pero que siente la energía afectuosa y familiar.

Luego de escarbar en su linaje, sentencia: “El apellido Pringles para mí representa gloria.”

 

 

Nota: Matías Gómez.

Fotos: Luciano Grangetto.

Video y edición: Martín Micali.