La “doble doble ve” lo persiguió a Nicolás Magaril durante varios años hasta que pudo alumbrar un ensayo premiado por San Luis Libro en 2012.

El libro obtuvo el segundo premio en la categoría ensayo en 2012 para un concurso organizado por San Luis Libro.

El libro obtuvo el segundo premio en la categoría ensayo en 2012 para un concurso organizado por San Luis Libro.

Rubén Darío, León Felipe, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda fueron algunos de los escritores hispanos que exploraron las múltiples posibilidades del verso “whitmaniano”. Nicolás Magaril rastreó esa constelación del norteamericano que constituye una clave de lectura poética.

Magaril nació en Córdoba en 1978. Es doctor en Letras por la Universidad Nacional de Córdoba. Ha publicado artículos sobre literatura y crítica en distintas revistas. San Luis Libro editó “Poetas del futuro. Recepciones de Walt Whitman en el mundo de habla hispana”, un ensayo que obtuvo el segundo premio en esa categoría en 2012. Actualmente se desempeña como profesor en las cátedras de Literatura Argentina I y II en la Universidad Nacional de Río Negro, sede Andina (Bariloche).

_ ¿Recuerda qué sintió la primera vez que leyó a Whitman?

_ La primera vez que leí a Whitman fue en la traducción del ecuatoriano Francisco Alexander. Debo haber sentido entonces la importancia general de lo que estaba leyendo. Varios años después leí la primera edición de Hojas de hierba en inglés, la de 1855, y ahí sí recuerdo bien haber sentido la potencia de lo que Whitman llamó “barbaric yawp”, algo así como el grito barbárico; aunque también hay, como señaló Borges, un Whitman lacónico.

_ ¿Cómo surgió el ensayo y cuánto tiempo le llevó escribirlo?

_ Surgió del hecho de que varios de los poetas que estaba leyendo tenían poemas dedicados a Whitman. Es decir, antes de leer a Whitman leí varios poemas que lo homenajeaban, que es como la forma casera de un fenómeno histórico, porque después supe que en América Latina, salvo Martí, todos habían leído el poema de Darío dedicado “al gran viejo” antes de haber leído al viejo en cuestión; el propio Darío, según consta, escribió el poema antes de hacerlo (ese desfasaje de origen marcó buena parte del devenir latinoamericano del movimiento whitmaniano). Con eso hice una especie de breve catálogo comentado, que se publicó en la revista Hablar de poesía. Después el tema se convirtió en un proyecto de investigación de largo aliento y durante varios años me empecé a topar con ‘la doble doble ve’ de Walt Whitman por todos lados.

_ ¿Qué nuevos aspectos cree que aporta su ensayo a la literatura de la provincia?

_ Si a alguien interesado en la literatura en la provincia le sucede encontrarse con el trabajo que realicé y le resulta útil en algún sentido, puede que eso constituya un aporte.

_ ¿Por qué Whitman es una clave de lectura y por qué su antípoda contemporáneo fue Baudelaire?

_ Hojas de hierba fue escrito y publicado por primera vez casi en simultáneo con Las flores del mal. Son hojas y flores de naturaleza muy distinta, flores mórbidas y hojas vitalistas, se podría decir. Esa contemporaneidad y la conexión en la índole de los títulos respectivos es por lo menos un punto de partida para pensar esa gran doble emergencia de la poesía moderna, aunque tengan más en común de lo que parece.

-¿Cree que todavía las posibilidades del verso whitmaniano aún no han sido debidamente exploradas, como sostenía Ginsberg en 1956 y que usted cita en su ensayo?

_ Ginsberg exploró ampliamente esas posibilidades, Borges también (en las muchas enumeraciones caóticas que hay en su obra), y Álvaro de Campos también, el heterónimo de Pessoa. En realidad son demasiados los poetas que han explorado las posibilidades del verso whitmaniano, prácticamente todos los que escriben en verso libre lo hacen de una u otra manera. Y se podría agregar que evitar esas posibilidades sería también otra manera de explorarlas.

Magaril es doctor en Letras por la Universidad Nacional de Córdoba.

Magaril es doctor en Letras por la Universidad Nacional de Córdoba.

_ En su opinión, ¿Whitman era o no el poeta de América?

_Sí, del Norte, aunque el tema es complicado porque en su momento Whitman militó periodísticamente a favor de la invasión del territorio mexicano. Por momentos podría ser visto como el poeta del Destino Manifiesto. Hay un verso en el que habla de los gauchos de la pampa… Si no me equivoco el primero que echó a rodar el tema en esos términos fue Enrique Rodó, que dijo que Rubén Darío no era (como que no le alcanzaba para ser) el poeta de América (del Sur). Es decir, inventó un puesto y lo dejó vacante. De allí en más se lo disputaron varios poetas de gran poder elocutivo y ambición geográfica, hasta que apareció el Canto General de Neruda y clausuró el certamen.

_ En su ensayo presenta las diferentes lecturas que León Felipe y Borges hicieron de Whitman. ¿En este enfrentamiento epistolario entre hispanos cree que es posible percibir la universalidad del norteamericano?

_ Sí. Y también la capacidad que tenía Borges para liquidar a su víctima con un adjetivo, “de la larga voz sálmica”, dice, hemos pasado a “los engreídos grititos del cante jondo”. En realidad es un encontronazo que pone en cuestión la idea de traducción y la idea de paráfrasis. Además Borges tenía una teoría del recato criollo que es incompatible con los énfasis del poeta español. León Felipe defendió su postura en un texto muy interesante que apareció en Cuadernos americanos.

_ ¿Podría decirse que en la poesía de Antonio Esteban Agüero también se encuentran resonancias “whitmanianas”?

_ No tengo tan presente en este momento la poesía de Antonio Esteban Agüero, pero no recuerdo haber percibido en su momento resonancias de ese tipo. De todas formas, mi intención era menos rastrear resonancias whitmanianas en la poesía de habla hispana, es decir, lo que tradicionalmente se considera como la influencia de un autor en otro, que los usos ideológicos de Whitman, “Whitman” como significante en cuyo nombre se llevaron a cabo todo tipo de operaciones literarias, como el Whitman comunista de Neruda, que canta, después de la batalla, la reconstrucción épica de Stalingrado desde la cima de los Montes Urales.

 

Nota: Matías Gómez.

Fotos: Gentileza.

Corrección: Berenice Tello.