Al templo de las letras asistieron alumnos de tres escuelas para dialogar con escritores de la provincia durante la tarde del miércoles.

Migliozzi y Bazán compartieron su pasión por la literatura ante niños de dos escuelas.

Migliozzi y Bazán compartieron su pasión por la literatura ante niños de dos escuelas.

Para la historiadora María Teresa Carreras de Migliozzi fue emotivo reencontrarse con niños de guardapolvos blancos, prolijamente sentados en los bancos del Antiguo Templo Santo Domingo. “Cholita” ejerció la docencia durante 40 años y ayer paseó con soltura por los orígenes de la palabra escrita: las tablas de arcilla, los papiros del Nilo, el papel chino, los pergaminos de la Edad Media, la imprenta, los códices mayas, las misiones jesuíticas y por San José del Morro donde- según precisó- se ubicó la primera imprenta de la provincia, que pertenecía a un alemán, quien se casó con una hermana de Paula Domínguez de Bazán.

“San Luis se ocupó mucho de los escritores puntanos y de los libros. Esta provincia piensa mucho en la lectura y el lector”, consideró.

Carreras de Migliozzi ha publicado ocho libros de investigación folclórica y dos de poesía. “Mis obras de cabecera para la investigación son de escritores puntanos”, dijo luego de que uno de los estudiantes le consultó por su vocación.

“Cholita” también compartió que María Delia Gatica de Montiveros influyó en su inclinación por indagar en el pasado y la identidad puntana. “La tonada en la provincia de San Luis es el libro que más satisfacciones me ha dado”, expresó.

En el secundario, Migliozzi fue alumna del poeta Antonio Esteban Agüero. “El bardo puntano, de la materia Cultura Ciudadana no nos habló nunca, pero cómo nos habló de literatura. Estábamos enamoradas de él porque tenía una estampa varonil y esa voz grave, tan personal, iba trajeado, nos dábamos cuenta que era un tipo distinto”, lo describió y reveló: “Una mañana llegó con cara de trasnochado y nos leyó ‘Digo a la mazamorra’. Agüero es música pura”.

Luego, las pequeñas miradas se encendieron cuando el jefe del Subprograma San Luis Libro, Pedro Bazán, narró “Los regalos perfectos” del estadounidense O. Henry.

Bazán, que en mayo publicó su tercera novela, eligió ese cuento para bucear: “Los momentos más felices de mi vida está asociados a la literatura”.

El autor de “La imaginación sumergida” recordó su infancia rodeada por lecturas a la siesta que le permitieron conocer el mundo sin salir de su biblioteca en Rufino, Santa Fe.

“A los once años me prometí ser escritor”, indicó.

Durante la charla, Bazán voló por Grecia, Roma, la Francia napoleónica y la Inglaterra shakesperiana para considerar: “El espacio de libertad que nos permite la literatura es fantástico. Uno encuentra ideas que las hace propias y a partir de ahí nos permite relacionarnos mejor con el mundo y la personas”.

El escritor desconfía de las categorías literarias. “Creo que a partir de determinada edad los niños pueden acercarse a libros que son universales y que van a hacer una lectura a los diez años, a los quince otra, a los veinte, y probablemente a los cuarenta, otra. Por ejemplo, ‘El principito’ de Saint Exupery es un libro que no tiene edad. No debemos ser tan rígidos a la hora de encasillar. He visto a muchos adultos conmovidos con Harry Potter y a muchos niños a los que la saga no les interesa. Lo que importa es que se lea”, señaló el escritor que publicó su primera ficción a los 29 años.

Para el primer diálogo literario asistieron alumnos del primario de las escuelas Normal Mixta y Cristiana Evangélica. Mientras que entre las 15:00 y 16:00, acudieron niños de la Escuela “Bernardino Rivadavia”. Por la mañana recorrieron los anaqueles los alumnos de segundo y tercer año de la Escuela “Rosario Mercedes Simón”.

Klaudia Malatesta leyó un cuento en festejo por el Día del Libro.

Klaudia Malatesta leyó un cuento en festejo por el Día del Libro.

Klaudia Malatesta leyó el cuento “El barco pirata” de Canela, entre los bancos del templo, cerca de las curiosas miradas.

Por el poemario “Ceremonia en el aire”, Klaudia Malatesta obtuvo el primer premio en la convocatoria realizada por el Fondo Editorial Sanluiseño en 2006. Ahora incurre en otros géneros literarios como la novela corta o los guiones.

Malatesta nació en Quilmes y está radicada desde el año pasado en la provincia. Detalló cómo los libros la acompañaron durante su infancia.

“Si les aburre un libro no lo lean, no se lee por obligación”, les aconsejó a los estudiantes.

Después, dos niños levantaron las manos para contar que en su tiempo libre escriben, por lo que se ganaron los aplausos de grandes y pequeños.

“Las palabras no son nada, pero puede ser todo. Si ustedes las zamarrean un poco pueden inventar un mundo”, dijo Malatesta.

Daniel Salto se encargó de cerrar el interactivo encuentro organizado este miércoles. En 2013, Salto obtuvo el tercer puesto en el concurso “San Luis te publica tu primer libro”, por el policial “El Cadáver de Mackenna”. En febrero concluyó su quinta novela titulada “Nébula”. Lo apodan el “poeta mecánico”, pero además de lo social, su pluma pone el acento en la ciencia ficción.

Salto recitó de memoria algunos de sus ingeniosos poemas. Escribe desde los 15 y tiene 55 años.

“Con cualquier cosa uno puede inspirarse para escribir y se los recomiendo”, dijo el escritor que nació en Capital Federal y vive hace dos décadas en la provincia. Uno de los libros que todavía lo inspira es “Las aventuras de Tom Sawyer”.

Al final, cerca de las 17:00, los visitantes recibieron ejemplares de San Luis Libro.

La celebración por el Día del Libro comenzó en Argentina en 1908 con el nombre “Fiesta del Libro” cuando se entregaron los premios de un concurso literario organizado por el Consejo Nacional de Mujeres. El 11 de junio de 1941, una resolución ministerial propuso llamar a la conmemoración “Día del Libro”.

En esta austral geografía, el invento revolucionario, devenido en memoria de la humanidad, está asociado entrañablemente a Jorge Luis Borges quien sentenció: “Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca”.

Nota: Matías Gómez.

Fotos: Luciano Grangetto.

Corrección: Berenice Tello.