Carla y Pablo coincidieron en el aula 9 del PIE y ahora son compañeros de estudio en el edificio administrativo situado en Ayacucho pasando Rivadavia, en pleno centro puntano. Las de ellos son dos historias de vida donde se conjugan el sacrificio, las ganas de superarse y los desafíos. “A mis 41 años me gustaría estudiar Enfermería”, proyecta Pablo; “toda la fuerza que tengo me la da mi hijo, todo es para y por él”, afirma Carla. Atrás quedan los miedos, el presente está repleto de vida, el futuro lleno de promesas.

Carla Acosta tiene 23 años, nació en la provincia de Formosa pero luego eligió San Luis para vivir, para criar a su hijo Juan Cruz de un año; hace siete años que ambos son puntanos por adopción. “En mi provincia no pude terminar el secundario, no existe este tipo de planes, ahora que puedo, quiero aprovecharlo al máximo. Quiero darle un futuro mejor a mi hijo”, resume la joven.

Pablo Cortez tiene 41 años, los últimos 10 fue propietario de un taxi. Sus recuerdos lo remontan a su infancia, a su madre (Tránsito) que desde hace 6 años no la tiene. “Cuando salí del primario mi vieja me preguntó si seguía estudiando y le dije que no, eso me pesó porque tuve que hacerlo en forma continua, me junté, vinieron los chicos”, en su relato hay nostalgia, cuentas pendientes, “siempre había algo que me faltaba, quería tener mejores trabajos pero sin un título no podía”.

Pablo Cortez es oriundo de Mendoza, se anotó en el PIE para terminar el secundario, después quiere estudiar enfermería.

Pablo Cortez es oriundo de Mendoza, se anotó en el PIE para terminar el secundario, después quiere estudiar Enfermería.

Pablo es oriundo de Mendoza, en su provincia natal hizo changas de albañil, se las rebuscó como podía para que a su familia no le faltara nada, tiene dos hijos de 16 y 7 años. “Bromeaba con mi hijo más grande, Agustín, y le decía que por ahí nos vamos juntos de viaje de egresados”, el adolescente cursa cuarto año en el Colegio “San Luis Rey”. Pronto, padre e hijo coincidirán en el egreso.

Para este padre de familia terminar el secundario era una cuenta pendiente que ahora con el PIE puede saldar. “Elegí San Luis para vivir hace 25 años, después se vino mi madre, luego otra hermana, trabajé en el auge industrial de esta provincia y me fue muy bien, con lo que gané pude comprar el taxi”, cuenta cuando se apaga la cámara. Su actitud es humilde, se muestra agradecido con lo que la vida le ha dado.

Tanto Pablo como Carla asisten a clases lunes, martes y miércoles de 8:00 a 12:00, en el segundo piso de la ex Casa de Gobierno. “Fue algo muy lindo, una propuesta que me sorprendió muchísimo, pero estoy muy contenta de haber iniciado los estudios. Fui y me anoté, me parece un buen proyecto para seguir estudiando”, narra con algo de timidez Carla.

Carla Acosta tiene 23 años, nació en Formosa, tiene un hijo, Juan Cruz de un año. Futura egresada del PIE.

Carla Acosta tiene 23 años, nació en Formosa, tiene un hijo, Juan Cruz de un año. Futura egresada del PIE.

“Los primeros días antes de salir de casa sentía unos nervios bárbaros”, se distiende Pablo, mucho tiempo pasó desde la última vez que fue a la escuela. Con el correr de los días todo fue más fácil. “Logré relacionarme con mis compañeros, la profesora a cargo del aula, Carolina, es bárbara, nos ayuda mucho”.

Carla y Pablo vieron una oportunidad para retomar sus estudios y no dudaron en tomarla, volvieron a empezar y se animan a soñar, ellos van por más. “Me gustaría desenvolverme como enfermero”, proyecta Pablo. “La fuerza para seguir estudiando me la da mi hijo, voy a seguir una carrera, quiero tener un futuro mejor para mí y mi familia”, finaliza Carla.

 

Nota: Cecilia Sosa.

Video: Sergio Nieto.

Fotos: Cristian Bastías.

Corrección: Berenice Tello.

Edición de video: Luciana Picca.