“Pollo” fue la denominación que el equipo técnico del Programa Biodiversidad eligió para referirse a un pichón de lechuza del campanario que llegó al Centro de Conservación de Vida Silvestre, en La Florida, con solo unos días de vida. Allí transitó una larga recuperación y fue liberado.

liberacion lechuzas (1)

Liberación de lechuza del campanario.

El nombre, aunque tierno, es en realidad técnico. “Todas las aves que tienen  plumón se denominan así antes de ser juveniles, cuando reemplazan esta cobertura por plumas”, explicó  una de las técnicas del Programa del Ministerio de Medio Ambiente, Florencia Tessaro. Y añadió: “La decisión de no otorgarle otro tipo de nombre se debe a que ´bautizar´ a un animal es el primer paso para mascotizarlo, ese no era el objetivo con este pichón y no debe serlo con ningún animal silvestre”.

“Pollo” llegó en julio pasado al Centro de Conservación con apenas unos días de vida. Había sido encontrado, según informaron quienes lo entregaron, caído de un nido en La Punta. Las esperanzas de vida eran pocas.

La recuperación

“Al ser tan pequeño, durante los primeros 25 días recibió cuidados intensivos. Fue alimentado varias veces al día, especialmente en las horas del amanecer y el atardecer, para respetar los hábitos nocturnos de su especie. Tratamos de respetar su ‘reloj biológico’ y no forzar horarios que no le resultaran naturales”, explicó el jefe de Programa Biodiversidad, Jorge Heider.

Para lograr esto y poder salvarlo fue necesario que, durante los primeros días, se alojara en casa de los técnicos del Ministerio, que debieron alimentarlo con un suplemento vitamínico especial para aves por medios muy creativos, ya que buscaron que el contacto con seres humanos fuera mínimo, para no alterar su futura reincorporación al hábitat.

Pichon de lechuza del campanario

Pichón de lechuza del campanario

“Además de alimentarlo lo cuidamos de la exposición a ruidos de origen antrópico para evitar que se acostumbrara a la presencia humana o que relacionara a las personas con su fuente de alimento. Esto es importante para la futura vida en libertad del animal, ya que disminuimos las posibilidades de que se acerque demasiado a la gente, evitando que lo capturen o lastimen”, destacó Tessaro.

Cuando el pichón se convirtió en una joven lechuza, su plumón fue reemplazado por el plumaje típico de los adultos de su especie y empezó a hacer sus primeros intentos de vuelo. En ese momento fue trasladado al Centro de Conservación de Vida Silvestre en La Florida, a una jaula donde tuvo espacio suficiente para comenzar a ejercitarse.

“Elegimos para alojarlo una jaula que le permitía permanecer oculto durante el día, en un rincón oscuro, para fomentarle el comportamiento típico de la especie. Allí comenzó a ejercitar tanto el vuelo como sus habilidades para alimentarse. El paso siguiente fue el traslado a una jaula voladora con vegetación natural y animales de otras especies. Allí trabajamos en la etapa de musculación, ya que el espacio le permitió realizar vuelos más largos, y logramos fortalecer sus músculos; además de interactuar con otras especies y capturar presas naturales”, explicó el responsable del Centro de Conservación, Matías Ayarragaray.

Una vez evaluados los parámetros físicos y comportamentales correspondientes, y como etapa final previa a la liberación, “Pollo” fue anillado, para reconocimiento posterior en caso de avistaje, y recibió un refuerzo en la alimentación.

Así, luego de más de seis meses de cuidados intensivos y trabajo diario, el animal pudo ser liberado. “Los juveniles de esta especie se independizan de sus padres entre los seis y siete meses de vida, por lo que el trabajo realizado en el Centro de Conservación acompañó y apuntaló de forma efectiva el crecimiento natural, tanto físico como conductual del animal, logrando que transitara de la forma más natural posible sus etapas de desarrollo”, evaluó Heider.

La tarea de la reinserción 

El Centro de Conservación recibió más de 3 mil animales de diferentes especies, en poco más de dos años, que llegaron de todo el país. “Algunos de ellos fueron interceptados y decomisados por la Policía Caminera mientras eran trasladados ilegalmente hacia otras provincias, en esos casos el Ministerio rastreo el origen y se comunicó con los responsables de fauna de la provincia correspondiente para arreglar su retorno y posterior liberación.

Con esto quiero decir que el trabajo detrás de cada animal decomisado es mucho, largo e intervienen equipos de trabajo. No es menor el delito de tenencia, tráfico y comercialización de nuestros recursos naturales y causa un daño enorme”, destacó la ministra de Medio Ambiente, Daiana Hissa.

Cada animal que llega al Centro es evaluado para determinar su estado físico, de comportamiento, edad, sexo, daño provocado por armas, durante su captura o en el período en que fue mantenido en cautiverio, mantenerlos en cuarentena y así poder determinar cómo será su rehabilitación, preparar la logística de la alimentación que se necesitará y adaptar los horarios a su hábitos.

Nota y foto: Paula Kraliczek – Prensa Ministerio de Medio Ambiente.