El 12 de noviembre próximo se cumplirán 51 años del paso a la inmortalidad de José María Gatica. La vida y el ring fueron la misma cosa para el boxeador puntano que conquistó el cetro más notable: el amor de su pueblo.

Gatica y la clásica estampa, en el ring de su San Luis natal

Gatica y la clásica estampa: así lo recuerdan los puntanos.

El destino de José María Gatica era la grandeza desde la cuna. Su gesta, gloria y controversia estaba marcada por nacer un 25 de mayo. Esas coincidencias patrias están reservadas para aquellos que tiene destino de bronce. Gatica fue revolucionario. Gatica revolucionó su tiempo, él lo sabía y vivió en consecuencia.

Lázaro Koczi no decubrió al noqueador oculto tras ese puesto de lustrabotas en Constitución, fue un alquimista: adaptó, superó. La vida de José María era un ring diario, sólo había que sitiarlo en un ring de gimnasio para que toda esa rebeldía se revelase y dejara paso a la figura del boxeador.

El 7 de diciembre de 1945 la revista El Gráfico lanzaba a la calle la edición número 1378 con Pedro Caffa, ganador en atletismo de la Maratón de los Barrios. Esa noche debutaba Gatica como púgil rentado, noqueando a Leopoldo Mayorano en el primer round. Pasaron diez combates y 49 ejemplares para que su estampa estuviera al alcance de todos en los puestos de diarios y revistas del país.

José María Gatica en acción frente a Thompson.

José María Gatica en acción frente a Thompson.

Era el 15 de noviembre de 1946. Gatica era “El Tigre” para la popular, el carisma. En esas diez peleas ya había aparecido Alfredo Prada (a quien venció) y con él la antinomia, el encono, la dualidad y el mote de “El Mono” para el ring side.

Eran tiempos de reivindicación social, de posiciones antagónicas, de Perón. Y si algo le faltaba a Gatica para ser figura pública, era estrechar la mano del General, ganarse su afecto y sentar posición.

El país que eligió a Perón como su líder, tenía en José María Gatica como ídolo, la otra mitad se quedó con Prada, además de engendrar fobia hacia la doctrina justicialista.

Entonces Gatica siguió los pasos de Firpo, y el Madison Square Garden de la ciudad de Nueva York conoció a otro “Toro de las Pampas”, que sucumbió ante los puños de Ike Williams, campeón mundial de los ligeros. Por las dudas, el nacido en Brunswick (Georgia) no expuso el título. Corría el año 1951, pero todavía quedaban 13 combates por ganar y el sexto encuentro con Prada.

Aquel 16 de septiembre de 1953 en que Alfredo Prada, campeón argentino y sudamericano, pusiera el duelo 3-3, abrió un paréntesis de diez años en la vida del villamercedino, hasta el momento de entrar definitivamente en la historia, el 12 de noviembre de 1963.

A partir de allí, las 85 conquistas de sus 95 batallas en el cuadrilátero, pasaron a engrosar las páginas más notables del boxeo argentino, que tiene un apartado especial reservado a los grandes: Gatica es uno de ellos.

El boxeador puntano, fue un personaje arriba y abajo de un ring y por ello se convirtió en ídolo.

El boxeador puntano, fue un personaje arriba y abajo de un ring y por ello se convirtió en ídolo.

Pero un héroe, debe ser venerado como tal, por lo tanto necesita que su pueblo pueda rendirle homenaje. Además, un ídolo descansa mejor rodeado de sus afectos. Por eso el Gobierno de la Provincia de San Luis, entendió que el lugar donde tenía que estar por siempre era en suelo puntano, su Villa Mercedes natal.

Así, “cumpliendo un sueño de todos los puntanos, sanluiseños y mercedinos”, como lo dijera el gobernador Claudio Poggi, el día de la llegada de los restos de Gatica a San Luis, el 24 de mayo de 2013, “El campeón del pueblo” hoy es monumento, museo. El boxeo resurgió en la provincia, con él merodeando los gimnasios, los cuadriláteros de San Luis.

La gente lo erigió como “rey sin corona” por eso, su provincia le puso un palacio a su disposición : “El Palacio de los Deportes”, en Villa Mercedes.

Una multitud recibió los restos de Gatica en el Palacio de los Deportes en Villa Mercedes.

Una multitud recibió los restos de Gatica en el Palacio de los Deportes en Villa Mercedes.

Nota: Adolfo González

Fotos: www.argentina.ar – archivo ANSL