A los 77 años, Beba Di Genaro, ungida desde su infancia como poeta por Antonio Esteban Agüero, señala que vivir el sanluisismo actual implica generosidad, tolerancia, honradez, fe y hasta estrategias caseras para reunir en la mesa, al menos una vez por mes, a toda la familia.

Beba Di Genaro, ungida desde su infancia como poeta por Antonio Esteban Agüero

Beba Di Genaro, ungida desde su infancia como poeta por Antonio Esteban Agüero

Con grises pixelados, sobre una esquina céntrica, la casa de Di Genaro esconde una inmensa biblioteca que cegaría a cualquier lector constante. Porque desde que enviudó, dice mientras recorre su escritorio rodeado de estanterías, ofrece prestarles a los visitantes obras exquisitas, pero pocos aceptan. No le preocupa. Cumple su función, sostiene, si aguantan los que siguen sus poemas semanales y ponen me gusta, me gusta, me gusta. La rutina de la escritora orbita en la palabra, aunque hoy surja en el vértigo de las pantallas, hasta allá va. “A la siesta y después de cenar tengo un buen rato de Facebook”, describe sentada sobre un sillón blanco que abandona pronto, a fin de preparar café o para mostrar que lee, en simultáneo, literatura rusa y un anecdotario de San Luis que presentará Bachi Lúquez. “Al twitter lo cerré porque era para pelearme con todos”, dice alegre. Por la tarde, Beba entra en sus archivos y a la noche frente al televisor sigue las noticias. Transmitió por radio Nacional, Dimensión y Universidad, así que el dial es su compañero de recreo a los 77 abriles.

En dos sobres de papel madera, la poeta nacida en La Plata prepara la séptima creación que estrofa sus etapas tristes, pozos. Las horas oscuras se titulará. Además, por la Semana de la Puntanidad y el Sanluisismo, desarrolla una clase para la penitenciaría que desplegará cinco vidas entregadas a la escritura: Antonio Agüero, Polo Godoy Rojo, César Rosales, Berta Vidal de Battini y Paulina Movsichoff.

Es la tercera vez que lo nombra en menos de 15 minutos. Ya trajo todas sus cartas al living. Están mecanografiadas por su esposa Rosita, varias en tinta violácea con algunas oraciones apretujadas, cuya firma única todavía evoca paisajes. Beba estuvo cerca. Tanto que asegura que la frase “él traducía libros, yo traducía pájaros” cruza a Borges. También sabe que el creador de inmortales Digos tenía cientos de anécdotas y un tinte satírico, incluso como ministro, cuando comparó a otro funcionario con un pitecántropo u hombre mono. Esas, más otras confidencias, le permiten contestar.

–          Si Agüero viviera hoy, ¿sobre qué escribiría?

–          Estaría señalando los males de la guerra en Medio Oriente. Estaría señalando la desarmonía nacional, gritando las soluciones que él creería ahora que pueden ser válidas. Estaría en contra, puedo asegurar, de cualquier forma de totalitarismo… Y le seguiría cantando al vino, por cierto, y a las mujeres hermosas.

Hace siete décadas atrás, María Haydee Di Genaro completó un cuaderno Laprida con “poesías crueles”. Agüero era amigo de su padre y frecuentaba la casa al lado de la Iglesia Catedral. Apenas rumió poema al Chorrillero, convocó a la pequeña autora. “Vos sabés lo que significa que seas una mocosa y que Agüero te diga usted es poeta. No puede haber un estímulo más grande. Desde ahí no deje de escribir nunca más”, recuerda con brillo en los ojos. No obstante, aclara, que sin la unción del Capitán de Pájaros, igual hubiera cultivado su amor por las letras.

Más adelante, en Diario San Luis, María Haydee escribió una carta abierta donde protestaba por la quita de un subsidio para que Agüero alumbre “Un hombre dice a su pequeño país”. Corría 1967. Entonces comenzó una relación epistolar. “En la última carta que me manda, tres meses antes de morir, él está enojado con San Luis porque no lo hemos cuidado. Decía que Lugones tenía una plaza con sus poemas, en cambio, acá no había ni una calle con su nombre”, revela Beba, a quien Agüero seleccionó y prologó los poemas de su primer libro.

Ejemplo del sanluisimo

Cuando define al poeta serrano, Di Genaro coincide con el historiador Liberato Tobares acerca de la identidad sanluiseña: amor al terruño, a la libertad, hospitalidad y religiosidad. “Agüero tiene sus pies pegados en nuestra tierra. Hay una actitud de plantarse. ¿Cómo? En la contemplación del paisaje. A la naturaleza no se la contaron, él la vivió, andaba por los cerros. Es el gran nombrador de nuestra historia: ríos, plantas, animales”, enumera Beba, con voz docente, vocación -otra virtud de los puntanos – que ejerció en la Escuela “Paula Domínguez de Bazán” y el colegio Santo Tomás. “Hay épica -continúa- con la historia del General San Martín, en el nacimiento de la puntanidad, y hasta cómo interpreta Agüero nuestra tonada, porque en esa lucha que hubo entre el idioma que venía y el idioma que estaba, los ruiseñores de Castilla vencieron, pero nos quedó esta venganza que es nuestra tonada”.

La poeta señala que la semana de la puntanidad es una ocasión para reflexionar sobre los valores

La poeta señala que la semana de la puntanidad es una ocasión para reflexionar sobre los valores

Además, perseguía un heroico ideal. “Me pone en una carta: sígale cantando a la santa libertad, esa que deberíamos rezar con el padrenuestro, danos Señor la libertad así como nos das el pan de cada día”, recita Beba, quien destaca la hospitalidad y generosidad del poeta. “Su casa en Merlo se abría para todos”.

Otras genialidades de la lírica “agüeriana”, señaladas por Di Genaro, son su americanismo, “no quiere a Europa, quiere al indio” y su panteísmo, “él comulga con un pétalo de rosa, dice en un poema”. Hay espiritualidad. “Tenía un Dios que encontraba en la naturaleza”. Beba asegura que, a pesar de su agnosticismo y su bohemia, era un buscador de la divinidad. “Según el profesor Hugo Fourcade, al final Agüero se acerca mucho a la fe”, añade.

Transmitir la puntanidad y el sanluisismo desde el hogar

En busca del “ADN del tiempo ido”, Beba conserva material costumbrista de la capital puntana. Su curiosa memoria permite viajar al San Luis del 40’. “Era la vida de un pueblo tranquilo, con mucha familiaridad en los barrios. Salíamos a la vereda y se intercambiaban dulces con los vecinos. Sabíamos quien se moría y nacía. Teníamos un conocimiento de toda la sociedad, que, después, esa cosa que se llama progreso va anulando”, describe.

Detrás de aquel espacio, Beba afirma que repensar la puntanidad es una forma de desempolvar valores como la generosidad, la tolerancia, la honradez y la fe. Sin embargo, añade que es necesario fomentar hábitos que perduren esos tiempos en sepia donde la palabra sellaba compromisos. Por eso, una vez al mes, obliga a que sus cinco hijos (uno falleció), sus 10 nietos y su bisnieta elijan el menú que humeará sobre la mesa grande sitiada de libros. Allí, de pronto, la anfitriona toma la palabra: “Estamos reunidos para festejar un cumpleaños. Porque se salvaron de un accidente. Porque apareció el nieto 114. Porque Argentina fue subcampeón. Porque tengo un nieto que es bombero”. Beba define su estrategia casera: “Esto es reafirmar los valores familiares. Y el adolescente no salió a bailar, el enano no se metió en la compu. Tengo un hijo kirchnerista y otro antikirchnerista y no se pelearon en la mesa.”

El desafío de la literatura sanluiseña

Para aquellos que comienzan a escribir, Beba recomienda devorar páginas. “Es la única manera de afinar el instrumento”, explica de reojo. También sugiere de Rilke “Cartas a un joven poeta”, obra que Agüero le aconsejaba con ímpetu. “Una vez enojado me dijo si usted hubiera leído a Rilke no me hablaría de su primer marido, sino de las nubes, los pájaros”. Y tras estudiar gramática, sinonimias y expulsar metáforas hasta en los sueños, Beba propone desnudar el alma al poetizar. Es que luego de la palabra, la naturaleza y la libertad, su cuarto tema preferido es el sexo.

Beba Di Genaro aún conserva las cartas de Antonio Esteban Agüero

Beba Di Genaro aún conserva las cartas de Antonio Esteban Agüero

Así, a medida que los dedos cedan, Di Genaro asegura que la savia de ese naciente literato girará en torno a la palabra, o al decir de Agüero, sabrá “vivir en poesía”. En ese intuitivo punto las letras trascienden sentidos, juegan, huelen, parecen plásticas. Hay un no decir que nutre. “Cuando tenés esa palabra, tenés que trabajarla. Yo no soy un poeta, dice Agüero; soy un obrero que construye canto”, enseña. Simple suena, pero a cada renglón “la palabra se encorva y adversamente se nos niega”, tal cual manifiesta un poema de Beba. Después viene el estilo. La poeta ha mimetizado tanto el algarrobado ritmo de su maestro que resulta complicado distinguir cuando canta uno u otro: “Canción para lavar la hoja: labio del viento/ cuna de rocío/ vientre de sombras/ abono de los trigos/ piel de los seres vegetales.”

Según María Haydee, ante la puntanidad y el sanluisismo, el reto de los escritores, nuevos y consagrados, es “rescatar los valores del pasado. Transmitir, mirando la realidad que nos circunda, algún pensamiento positivo, con ojos bien abiertos”.

– ¿Qué necesita la sociedad para fomentar más Agüeros?

– Nada programado podrá crear otros Agüeros. Salvo difundir la poesía en general y estimular la lectura de obras de todos los géneros. Quizás serios talleres o grupos en barrios y escuelas reunidas en torno a un eje atractivo. Tal vez también los concursos para editar, aunque Agüero no creyera en ellos.

 

 

Nota: Matías Gómez

Fotos: Marcelo Lacerda