Manifestaciones, las vi en todas partes, en cada barrio que visité están presentes, no importa cuán alejado esté del gran movimiento turístico, al contrario, cuanto más lejos, más espacio tienen y más impactantes son. No me refiero a las que reflejan los medios de comunicación y que dejan a todos preocupados por la seguridad en Brasil, sino de una de las manifestaciones más bellas que puede tener el hombre: el arte.

Los murales se convierten en grandes paños

Los murales se convierten en grandes paños

En Río el arte se respira. En las esquinas donde se instalan malabaristas y magos, en las batucadas que hacen bailar a todos los turistas, en los artesanos que trabajan en sus productos minutos antes de ponerlos a la venta, en los mimos que caminan por las veredas representando a Charles Chaplin y, mi preferido, en las paredes.

Río de Janeiro se convierte, por su arte, en un lugar donde las paredes hablan

Río de Janeiro se convierte, por su arte, en un lugar donde las paredes hablan

Los murales se convierten en grandes paños, donde artistas reconocidos, y no tanto, hablan de su gente.  En la mayoría de los casos el arte intenta representar a la sociedad.  A veces se trata de ideas en lugar de objetos.  Pueden tener formas muy definidas o formas irreconocibles. Desde lo abstracto hasta el surrealismo transmiten opiniones, sensaciones, sentimientos.

Río de Janeiro se convierte, por su arte, en un lugar donde las paredes hablan.

Nota y fotos: Virginia Soloa