El Instituto de Estudios Sociales y Psicosociales (IESP) de la Universidad de La Punta (ULP) sigue dejando su huella en el mundo. En esta oportunidad, su director, Jorge Luis Pellegrini, participó de dos importantes eventos sobre salud mental.

"Los grupos terapéuticos son reparadores del dolor", asegura el Dr. Pellegrini

“Los grupos terapéuticos son reparadores del dolor”, asegura el Dr. Pellegrini

Jorge Pellegrini disertó en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín y cerró un encuentro de GIA en Calafate. “El acompañamiento colectivo es la mejor herramienta para combatir el dolor y pedir por justicia”, aseguró.

En sólo un mes, pasó del extremo frío al extremo calor: primeramente, cerró un encuentro de Grupos Institucionales de Alcoholismo en Calafate, provincia de Santa Cruz, y, luego, dictó un curso sobre Grupos Institucionales en Medellín, Colombia.

Trabajo grupal para enfrentar el dolor

El curso sobre Grupos Institucionales se desarrolló a mediados de octubre en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. La actividad se enmarcó en el convenio que existe desde hace 10 años entre el IESP-ULP, el Hospital Escuela de Salud Mental de San Luis y la casa de estudios de Colombia.

La propuesta despertó un interés muy grande de profesionales y estudiantes avanzados de distintas áreas como actividad de posgrado.

Y es que, en Colombia, la psicología tiene una orientación de corte individualista, influenciada por el psicoanálisis de Jacques Lacan. Por lo tanto, los profesionales que se forman carecen de instrumentación para trabajar con grupos humanos. “La clínica ha demostrado que los grupos terapéuticos son más efectivos para resolver problemas que las terapias individuales”, aseguró Pellegrini, quien viajó acompañado por Graciela Bustos, coordinadora docente del Instituto.

La importancia del acompañamiento colectivo en las catástrofes naturales y sociales

El curso del IESP llegó en un momento de profundo dolor: hacía apenas algunos días, se había producido en Medellín el derrumbe de una torre de 14 pisos y la consecuente muerte de decenas de personas. El pueblo colombiano estaba consternado y cientos de familias buscaban justicia.

Teniendo en cuenta este contexto, Pellegrini se centró no solo en la importancia que tienen los grupos terapéuticos para los pacientes mentales sino, también, en cualquier situación de catástrofe natural o social. Como ejemplo, los disertantes mencionaron los accidentes ferroviarios ocurridos en estación Once, el atentado a la AMIA, el incendio de Cromañón…

“El acompañamiento colectivo es la mayor herramienta que existe para combatir el dolor y organizarse para pedir justicia”, aseguró. Y añadió: “Individualmente, es muy difícil reclamar, pero cuando las personas sensibles de la sociedad se agrupan, se convierten en reparadores del dolor. Las personas encuentran en estos grupos un lugar donde exponer sus angustias, tristezas, problemas… De esta manera, el dolor desciende y la capacidad de reflexión aumenta”.

Colombia, el pueblo que renace

Signado por la violencia social extrema, Colombia es un país donde se ha producido el desplazamiento de más de un millón y medio de campesinos. Muchos de ellos tuvieron que reubicarse territorialmente junto a sus familias en las afueras de las ciudades, tras haberlo perdido todo. El narcotráfico y las fuerzas paramilitares invadieron las calles. El espacio púbico era tierra de nadie.

Pero el pueblo colombiano encontró un camino: reapropiarse de ese espacio. “Analizaron y comprendieron que no podían regalar el espacio que les corresponde a todos”, explicó Pellegrini.

En este contexto, y a pesar de las voces en contra que aseguraban que la gente de menos recursos iba a hacer destrozos, se construyó un metro (vincula ambos extremos de la ciudad y ofrece bibliotecas y centros de enseñanza de idiomas para todos). Además, se ubicaron esculturas clásicas de Botero, oriundo de esa ciudad, en una plaza pública para que todos pudieran apreciarlas.

“La gente cuida estos lugares incluso más que sus hogares. El pueblo entendió que es el instrumento que les permite recuperar el espacio público y ser ciudadanos”, destacó el director del IESP.

La semilla del IESP en el mundo

Desde hace 10 años, la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín envía a dos alumnos por año a San Luis para que se formen en el IESP durante cuatro meses. En esta oportunidad, Pellegrini se reunió con esos jóvenes –hoy profesionales-, que pasaron por la ULP a lo largo de la última década.

“Fue muy conmovedor para nosotros ver cómo recrearon y multiplicaron todo lo que aprendieron aquí con el sabor propio de su tierra”, destacó el director del IESP. Y añadió: “Están trabajando en tareas diversas: algunos están con los desplazados de Colombia; otros, con grupos de alcoholismo. Escucharlos a todos ellos fue muy emocionante. Pichón Riviére decía: ´Todo el que aprende, enseña, y todo el que enseña, aprende´. Y, efectivamente, nosotros también aprendimos de este intercambio”.

GIA- Calafate: un espacio donde la integración es posible

El itinerario del director del IESP comenzó a principios de octubre en el Hospital Distrital de Lago Argentino en Calafate, Santa Cruz, donde se desarrolló un encuentro de GIA (Grupos Institucionales de Alcoholismo). Allí recorrió los grupos de alcoholismo que él mismo creó y coordinó cuando vivía en la Patagonia.

“No sólo se mantuvieron en pie sino que han sabido adaptarse a la situación de crisis que atraviesa la provincia. Aún después de 20 años, siguen siendo un espacio donde no se discrimina, se integra”, resaltó Pellegrini, quien adelantó que, próximamente, la ULP realizará un trabajo de análisis en Santa Cruz para conocer cuánta gente se encuentra en esta situación y de qué manera se los puede ayudar.

Informes: ciu@ulp.edu.ar –Tel: 4452000 (interno 6089).

Nota: Paula Bizzanelli – Prensa ULP.