Pasó por Villa Mercedes, fue testigo del homenaje a José María Gatica y festejó un nuevo nocaut de su hijo, de quien es el entrenador.

El presente de Juan Martín “Látigo” Coggi inevitablemente sigue ligado al boxeo. Pasa sus días entrenando chicos de las villas de Buenos Aires con la base de sus experiencias personales: la pobreza que lo vio nacer y el camino que lo llevó al éxito y a lo más alto del boxeo nacional y mundial. Cree que nadie puede ser entrenador si no recibió alguna vez “un cachetazo” y sostiene que el único mensaje en contra de las drogas es “no entres”.

El tricampeón del mundo en la categoría welter junior estuvo en Villa Mercedes. Vivió la llegada de los restos de José María Gatica al Palacio de los Deportes, porque su hijo, de quien es el entrenador, protagonizó la pelea estelar de la velada que se hizo para cerrar los homenajes en honor al boxeador de San Luis. Esa noche fue exitosa, porque su pupilo ganó por nocaut.

“Gatica es una leyenda. Es un homenaje que todos los boxeadores desearíamos tener llegado el momento. Este es un estadio hermoso y el monumento que va a quedar para siempre parado ahí, no se va a repetir en ninguna parte del mundo”, y así, Coggi resumió lo que se vivió el sábado cuando los restos de Gatica fueron depositados en el ingreso al Polideportivo, donde además quedó inaugurada una estatua.

De su hijo dijo que es un boxeador experimentado: “Si se enfrenta con otros boxeadores, le van a pegar, pero yo siempre dije que cuando se baja del ring y si por más que haya perdido lo deja manchado de sangre, la derrota no tiene valor”.

Coggi celebró en San Luis el triunfo de su hijo.

Coggi celebró en San Luis el triunfo de su hijo.

¿Además de entrenar a tu hijo qué estás haciendo?

 Estoy trabajando en Quilmes, con ayuda de la Municipalidad, sacando a los chicos de la calle. No les cobro nada, no les pido nada. Le doy los guantes y los cabezales para que se entrenen. Además tengo un gimnasio en Brandsen. Le damos de comer a los chicos que les hacen falta alimentos y los ayudamos con zapatillas y otras cosas para sus familias.

 ¿Venís seguido a San Luis?

Sí porque acá tengo amigos. Además vine a traer la ropa de Gatica hace tres años. Me gusta la caza y el aire libre, por eso cada vez que podemos nos venimos con mis amigos, pasamos tres o cuatro días en el campo tratando de cazar para comer, sobreviviendo comiendo lo que pescamos y eso nos despeja para volver al despelote que es Buenos Aires.

 ¿Qué conocés sobre el boxeo de San Luis?

 No he visto boxeo de San Luis, pero creo que hay que trabajar mucho con los técnicos, porque son ellos los que van a sacar a un chico campeón o un buen boxeador. Si nunca te pegaron una cachetada y te ponés a ser técnico, tu pupilo no va a ser bueno.

Hay que seleccionar técnicos, que viajen a Buenos Aires y que se perfeccionen porque esta es una actividad difícil, acá no hay goles ni tantos, acá hay golpes y los golpes duelen y lastiman. Si un chico está mal alimentado, mal comido y sin una vida organizada no vamos a sacar algo positivo de él.

 ¿Qué es lo positivo del boxeo?

 El boxeo saca a muchísimos chicos de la calle, porque yo soy uno de ellos y estoy trabajando porque quiero devolverle al boxeo todo lo que me dio. Salí de una casa de barro, con un traje y 100 dólares prestados. Llegué a Italia, le pegué cuatro piñas a un tipo y lo tiré fuera del ring. Después abrí una valija y era millonario y pasé a ser rubio, ojos celestes e inteligente. Te llevan a comer con Mirta Legrand, te ponen tres platos y tres tenedores y yo comía guiso con una sola cuchara y un solo plato, entonces no comes porque pasás vergüenza.

¿Cómo es el trabajo que estás haciendo con los chicos?

Hay muchas cosas para trabajar con los chicos. Primero y principal el respeto, los principios básicos. Yo estoy con chicos de villa, que no tienen padres, que se han criados en la calle y cualquier cosa que hacés por ellos o les decís, es una bendición.

¿Qué opinás del boxeo femenino?

Yo soy machista al mango pero acepto las reglas del juego. Cómo no aceptarla si nos estamos casando entre nosotros, ahora se casan las parejas homosexuales. Lo acepto porque no me queda otra, agacho la cabeza y las entreno. Tengo pupilas, varias campeonas zonales, interzonales. Es complicado, pero yo les enseño igual que a los hombres.

¿Como te llevás con la Tigresa Acuña?

Ella fue la culpable de todo (se ríe). Me llevo muy bien. La negra es un amor. Nosotros los boxeadores tenemos códigos, principios. Tenemos cosas que nos matamos en el ring pero todo queda allá arriba. Después somos todos amigos, nos vamos a comer un asado y no tenemos ningún rencor. En el fútbol empiezan dándose un banderín y luego la mano y terminan a las piñas y patadas. Nosotros empezamos a las piñas pero terminamos a los abrazos, porque cuando se termina el último campanazo toda la furia se transforma. Le pegamos a la vida, no al boxeador.

¿Cuál es tu mensaje sobre las drogas?

No hay que consumirlas, tenemos héroes nacionales que alguna vez tuvieron la desgracia de caer, tanto en el boxeo como en otros deportes, y yo creo que cuando entrás no se salís, por eso mi mensaje es no entres, directamente no entres.

Euforia y orgullo de un padre.

¿Cómo tiene que estar estimulado un boxeador?

Tiene que estar con vitaminas porque muchas veces no te da el físico o la comida para recuperar todo lo que perdés en el ring. Todo lo que sea natural, está bien pero no me vengas con esos aditivos que te hacen más fuerte porque estás sacando ventaja deportiva.

¿Cuál es la clave en un boxeador para llegar al éxito?

 Pienso que llegués o no a ser campeón mundial, estás haciendo lo que te gusta y si no llegaste fue porque no ibas a llegar, pero por lo menos lo intentaste. Somos tocados con una varita mágica.

 ¿Qué te parece Sergio Maravilla Martínez como boxeador y todo lo que se genera alrededor de él?

 Todo lo que lo rodea es un gran marketing, se metió con Tinelli y se fue allá arriba. Fue muy soberbio al decir que si peleaba con Monzón le ganaba. Le faltó el respeto a lo más grande que tenemos en el boxeo nacional. Creo que es un gran mentiroso.