Un camino empedrado sube y se pierde entre los cerros. El pueblo de La Carolina es una larga callecita rústica, rodeada de casas de piedra que conservan el estilo colonial y la nostalgia de haber sido cuna de los míticos buscadores de oro, fiebre que sólo dejó bocaminas, excavaciones y viejas historias de mineros.

Hoy, convertido en uno de los principales destinos turísticos de la Provincia, el lugar atrae a grandes y chicos por sus opciones: expediciones al interior de las minas, visitas a la Iglesia de Piedra, cabalgatas, recorrida por la gruta con pinturas rupestres y la histórica Casa de Juan Crisóstomo Lafinur, actualmente Museo de la Poesía de la Provincia.

La Carolina es un pueblo de poco más de 250 habitantes, recostado al pie del Cerro Tomolasta, a una altura de 1600 metros sobre el nivel del mar y en el centro mismo de las sierras sanluiseñas. Lo recorren en forma de cuña dos cauces de agua, el arroyo La Carolina y el río Las Invernadas, que se unen formando el río Grande y le dan al pueblo su característica semblanza dorada, con brillos de transparencia.

Viaje hacia el interior de la Tierra

La historia dice que hacia 1785, Don Tomás Lucero encontró oro en aquel poblado perdido entre los cerros. En 1792, para evitar una mayor oleada de aventureros en busca del preciado metal, el entonces gobernador Marqués de Sobremonte intervino las minas y bautizó el lugar como “La Carolina”. Desde entonces, socavones, excavaciones y respiraderos conviven en aquel paisaje, transformados por el paso del tiempo y las vertientes, que dejaron estalactitas de colores, todo a lo largo del camino hacia las profundidades.

El paseo por el interior de las minas se puede realizar todo el año. Para la excursión se provee de vestimenta adecuada, cascos con linterna y botas de goma. Pueden verse antiguos instrumentos de trabajo, formaciones internas del cerro, respiraderos y fallas geológicas, en un paseo imperdible de 400 metros hacia el centro mismo de la montaña.

Un paseo de letras manuscritas

Reconstruido a partir de la Casa histórica donde nació Juan Crisóstomo Lafinur, el Museo de La Carolina se yergue en lo alto de una quebrada, único en el mundo por exponer en sus salas fragmentos originales de prestigiosos autores de todo el mundo. Más de 1700 manuscritos y 900 obras poéticas se exhiben en esta singular biblioteca, y puede verse allí mismo la construcción original de la casa de Lafinur, tío abuelo del exponente mayor de nuestra literatura, Jorge Luis Borges.

El Museo ya ha sido visitado por más de diez mil personas de todos los rincones del país y del mundo, desde lugares como Alemania, Nigeria, Estados Unidos, Panamá, Francia, Uruguay, Chile y España, entre otros. Además de la exhibición, el lugar tiene un café literario y servicio de internet para los visitantes.

Otras opciones para visitar La Carolina

Para una jornada completa, puede visitarse la Iglesia construida en piedra, que alberga entre sus paredes figuras religiosas intactas, dignas de visitarse. La principal fiesta Patronal se realiza a mediados de julio.

Una opción para continuar el recorrido queda a 20 kilómetros del pueblo, por ruta asfaltada, en la Gruta de Inti-Huasi, un lugar con reminiscencias prehistóricas. Allí pueden observarse pinturas y rastros de pueblos precolombinos que habitaron el lugar hace más de 8 mil años. Con entrada gratuita y servicio de confitería.

También para exigentes, cabalgatas por el pueblo y zonas aledañas, que pueden realizarse durante todo el día y hasta en varios días, a través de caminos montañosos que unen La Carolina con Nogolí. Puede realizarse por ruta asfaltada el Camino La Carolina-San Francisco, un trayecto de 40 kilómetros en la meseta de la Pampa de las Invernadas, con paisajes y vistas inolvidables.

La Carolina es un pueblo de poco más de 250 habitantes, recostado al pie del Cerro Tomolasta,

La Carolina es un pueblo de poco más de 250 habitantes, recostado al pie del Cerro Tomolasta,